COEDUCACIÓN en el IES Andrés Pérez Serrano de Cortes de la Frontera
Una mirada al pasado más próximo
Nuestra sociedad demanda, cada vez con más insistencia, una escuela que sirva para la vida, es decir, un lugar y una función social que colabore en la formación integral de los ciudadanos y ciudadanas. Esta visión formadora debe hacerse cada vez más evidente, frente al papel meramente transmisor de la escuela tradicional. La sociedad no puede permitirse el lujo y el despilfarro de perder esta oportunidad.
Esta perspectiva en la formación de las personas, exige niveles de articulación educativa mucho más integrados de lo que la práctica escolar desarrolla. Por ello, desde el Grupo Desarrollo Rural de la Serranía de Ronda venimos realizando una labor de concienciación del alumnado sobre diversos aspectos que interfieren directamente en el análisis de la realidad del entorno y las vivencias singulares de cada persona.
Después de cuatro cursos de experiencia con la coeducación en el IES Andrés Pérez Serrano, se puede decir que su desarrollo ha ido de lo simple a lo complejo y de lo particular a lo global. Creo que no es fácil hacerlo de otro modo, aunque tampoco lo es haciéndolo así. Es la forma, tal vez, más congruente con la realidad del material humano que nos ocupa: el alumnado. Lo importante es plantearse unos objetivos, pocos, muy concretos y contar con los medios necesarios tanto humanos como materiales, aunque en un principio pudieran ser modestos.
El tiempo ha demostrado que la decisión de poner en marcha en el IES Andrés Pérez Serrano proyectos de coeducación ha sido acertada. Su puesta en marcha ha significado tratar con naturalidad muchos problemas culturales: diferencias de situaciones, papeles, responsabilidades, necesidades, oportunidades, prioridades existentes entre mujeres y hombres, tanto en el acceso a servicios básicos como en la toma de decisiones o en el control de los recursos económicos.
Por otro lado, el problema medioambiental es un problema global, que abarca nuestro modo de vida occidental en muchas de sus facetas. Por ello hemos creído necesario plantear en profundidad cuál es la situación real, para poder asimilarla y procurar soluciones que pasen por el compromiso individual y luego por el de la colectividad.
Podemos decir que estamos en un momento en que el delicado equilibrio que mantiene el planeta cuenta con una comprensión generalizada y buenos deseos de que ello mejore, pero también con el estigma del crecimiento de los países desarrollados, que nunca puede bajar del 3%. Al mismo tiempo dispone de una pléyade de gente, más o menos comprometida que como mal menor para la biosfera, aspira a conseguir un desarrollo sostenible.
Parece como si fuéramos conscientes del peligro y nos agarrásemos a cualquier solución posible que no vulnere en exceso nuestra comodidad y los parámetros de progreso en los que se mueve nuestra vida. Se puede constatar una cierta sensibilidad por los problemas medioambientales. Iniciativas como la que presentamos en este documento, el proyecto “Agenda 21 escolar”, ha sido bien acogida y ha contado con un apoyo firme de personas e instituciones. No es una solución única, más bien pensamos que la diversidad de soluciones en este tema es saludable y necesaria.
Así mismo, también es necesario señalar que hemos tenido ocasión durante el período escolar 2004/2005, de desarrollar con el alumnado otras actividades que refuerzan nuestro compromiso con el desarrollo rural de nuestros pueblos.
Nuestra sociedad demanda, cada vez con más insistencia, una escuela que sirva para la vida, es decir, un lugar y una función social que colabore en la formación integral de los ciudadanos y ciudadanas. Esta visión formadora debe hacerse cada vez más evidente, frente al papel meramente transmisor de la escuela tradicional. La sociedad no puede permitirse el lujo y el despilfarro de perder esta oportunidad.
Esta perspectiva en la formación de las personas, exige niveles de articulación educativa mucho más integrados de lo que la práctica escolar desarrolla. Por ello, desde el Grupo Desarrollo Rural de la Serranía de Ronda venimos realizando una labor de concienciación del alumnado sobre diversos aspectos que interfieren directamente en el análisis de la realidad del entorno y las vivencias singulares de cada persona.
Después de cuatro cursos de experiencia con la coeducación en el IES Andrés Pérez Serrano, se puede decir que su desarrollo ha ido de lo simple a lo complejo y de lo particular a lo global. Creo que no es fácil hacerlo de otro modo, aunque tampoco lo es haciéndolo así. Es la forma, tal vez, más congruente con la realidad del material humano que nos ocupa: el alumnado. Lo importante es plantearse unos objetivos, pocos, muy concretos y contar con los medios necesarios tanto humanos como materiales, aunque en un principio pudieran ser modestos.
El tiempo ha demostrado que la decisión de poner en marcha en el IES Andrés Pérez Serrano proyectos de coeducación ha sido acertada. Su puesta en marcha ha significado tratar con naturalidad muchos problemas culturales: diferencias de situaciones, papeles, responsabilidades, necesidades, oportunidades, prioridades existentes entre mujeres y hombres, tanto en el acceso a servicios básicos como en la toma de decisiones o en el control de los recursos económicos.
Por otro lado, el problema medioambiental es un problema global, que abarca nuestro modo de vida occidental en muchas de sus facetas. Por ello hemos creído necesario plantear en profundidad cuál es la situación real, para poder asimilarla y procurar soluciones que pasen por el compromiso individual y luego por el de la colectividad.
Podemos decir que estamos en un momento en que el delicado equilibrio que mantiene el planeta cuenta con una comprensión generalizada y buenos deseos de que ello mejore, pero también con el estigma del crecimiento de los países desarrollados, que nunca puede bajar del 3%. Al mismo tiempo dispone de una pléyade de gente, más o menos comprometida que como mal menor para la biosfera, aspira a conseguir un desarrollo sostenible.
Parece como si fuéramos conscientes del peligro y nos agarrásemos a cualquier solución posible que no vulnere en exceso nuestra comodidad y los parámetros de progreso en los que se mueve nuestra vida. Se puede constatar una cierta sensibilidad por los problemas medioambientales. Iniciativas como la que presentamos en este documento, el proyecto “Agenda 21 escolar”, ha sido bien acogida y ha contado con un apoyo firme de personas e instituciones. No es una solución única, más bien pensamos que la diversidad de soluciones en este tema es saludable y necesaria.
Así mismo, también es necesario señalar que hemos tenido ocasión durante el período escolar 2004/2005, de desarrollar con el alumnado otras actividades que refuerzan nuestro compromiso con el desarrollo rural de nuestros pueblos.

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